30 de septiembre de 2022

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Afganistán, un nuevo fracaso de los servicios de inteligencia españoles

No se enteraron y, peor aún, no lo previeron. Los servicios de inteligencia, nacional y militar, no fueron capaces de prever la caída de Afganistán ni tampoco contaban con planes de contingencia o evacuación. Y si éstos existían, resulta inexplicable que España haya sido de los últimos países en activarlos. De hecho, las declaraciones de la ministra de Defensa, Margarita Robles, también responsable del CNI, dan una idea del desastre en el que se encuentran las fuerzas españolas y lo difícil que será conseguir una evacuación medianamente óptima. «Pedimos a la gente que grite ‘España» o vaya con algo rojo para poder entrar», afirmó la ministra. Esperpento es poco, máxime cuando lo acontecido era más que previsible. 

No obstante, hace 32 meses, más de dos años y medio, en enero de 2019, cuando se pactó la retirada de Afganistán ¡con los talibanes!, escribí: «La situación solo puede calificarse como incontrolable». Los datos, entonces, ya evidenciaban el derrumbe: el Gobierno afgano solo controlaba el 55% del territorio y había sufrido 45.000 bajas en sus fuerzas de seguridad desde que comenzara la retirada de fuerzas militares internacionales en septiembre de 2014. Casi treinta víctimas mortales diarias, y de heridos mejor ni hablamos. ¿Qué gobierno puede soportar semejante hemorragia? 

Un modelo de colapso repetido a lo largo de la historia 

Por ello, era evidente, o como mínimo probable, que, a medida que las tropas internacionales se retirasen, el gobierno se desplomaría. Podía tardar más o menos, pero era casi inevitable. Aunque, a poco que se analicen episodios históricos, se podrá comprobar que los colapsos suelen ser vertiginosos, por lo que todo señalaba a un derrumbe tirando a menos que a más. Un ejemplo de ello lo encontramos en la caída de Vietnam, muy recordado estos días por su similitud con los acontecimientos de Afganistán. No es el único, pues hay muchos más ejemplos que siguieron un modelo de colapso similar: la caída del Muro de Berlín en 1989, la caída de los Romanov en 1917, la proclamación de la República en 1931… Suele ser cuestión de horas, días o unas pocas semanas.  

Por desgracia, esta negligencia en la falta de previsión solo parece la guinda de un pastel no demasiado apetitoso, pero muy oneroso. No obstante, a finales de 2020 el presupuesto del CNI volvió a aumentar, a pesar de la pandemia, y se situó en 300 millones de euros –incluyendo 20 millones en gastos reservados–, a los que habría que añadir casi 8 millones de euros en gastos reservados para Defensa, Interior y Asuntos Exteriores. 

Un pasado repleto de fracasos 

En el pasado reciente, la inteligencia española no fue capaz de informar ni prever la reacción de Marruecos al tratamiento de Brahim Gali en España. Entonces, en mayo de este 2021, varios miles de migrantes fueron lanzados en Ceuta, y posteriormente en Melilla, en lo que se convirtió en la mayor crisis migratoria y diplomática española desde la Transición. Una España, inoperante y desbordada, quedó retratada por una multitud de migrantes, muchos menores, corriendo entre blindados BMR aparcados en la playa. Defensa e Inteligencia no quedaron mucho mejor. 

Antes de Marruecos, Perejil 

La pifia no fue ni mucho menos novedosa, ni tan siquiera en relación a Marruecos. El 11 de julio de 2002, una docena de militares marroquíes ocuparon por sorpresa Perejil sin que los servicios de inteligencia española fueran capaces de anticipar el movimiento, ello a pesar de las tensas relaciones que, por entonces, mantenían España y Marruecos. 

En 2017, otra más: Puigdemont, un agente ruso 

En noviembre de 2017 unos cómicos rusos gastaron una broma a la entonces ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, haciéndose pasar por miembros del ministerio de Defensa de Letonia. En la conversación, jocosamente publicada, hicieron creer a la ministra de Defensa española que Puigdemont era un agente ruso de nombre ‘Cipollino’, como la mitad de los turistas catalanes, que también eran espías rusos. Además, le aseguraron que Letonia estaría dispuesta a colaborar con militares en una hipotética intervención de Catalunya. La ligereza en la seguridad de las comunicaciones de la ministra tuvo repercusión mundial, al igual que la posición asombrosamente crédula de la entonces ministra. 

Un golazo de seis millones de papeletas y 10.000 urnas 

Solo dos meses antes, en septiembre de 2017, el CNI no tuvo tampoco el mejor de sus días cuando los catalanes consiguieron introducir seis millones de papeletas y distribuirlas junto a 10.000 urnas compradas en Aliexpress para el Referéndum del 1O. Aunque todavía no ha quedado claro, al menos para algunos, si aquella pifia fue voluntaria o forzada, quizás por la magnitud de la misma y por lo deseosa que parecía España de ejemplarizar de esa manera que tanto gusta, a palos. En cualquier caso, el error, forzado o no forzado, se convirtió, nuevamente, en histórico. 

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